Expediente N.º 002 · Corrientes

La bruja gata

Número
002
Fecha
Lugar
Saladas, camino de tierra entre una carneada y el rancho de Don Eusebio
Provincia
Corrientes
Año
1962
Leyenda
La bruja gata
Estado
Cerrado
Un gato negro sentado en el medio de un camino de tierra correntino, de noche, con palmeras y pastizales a los costados.

Saladas, Corrientes, 1962: un gato negro sigue a Don Eusebio por el camino y a la mañana siguiente descubre quién era. Leyenda de la bruja gata.

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En el campo correntino hay un consejo que las abuelas les repiten a los chicos y que los peones se repiten entre ellos cuando vuelven tarde: si de noche un gato negro te sigue por el camino, no le pegues. Porque a la mañana siguiente vas a saber quién era.

Una noche sin luna en Saladas

Saladas, Corrientes. 1962. Don Eusebio volvía a caballo de una carneada, pasada la medianoche. Había comido bien, había tomado unos vinos y tenía por delante un largo camino de tierra entre pastizales y palmeras. No había luna. Apenas se distinguía la huella clara del camino y, a los costados, el bulto oscuro del monte.

De golpe, el caballo se frenó en seco. Clavó las patas, resopló y no quiso dar un paso más.

Primer plano de un gato negro enorme con ojos amarillos que brillan en la oscuridad.
Lo miraba fijo, con los ojos amarillos.

En el medio del camino había un gato negro. Grande. Demasiado grande para ser un gato de rancho. Estaba sentado, quieto, y lo miraba fijo con unos ojos amarillos que brillaban en la oscuridad como dos brasas.

El gato que lo siguió legua tras legua

Eusebio le tiró una piedra. Nada. El gato ni se inmutó. Se quedó ahí, mirándolo, como si lo estuviera esperando.

Eusebio taloneó el caballo y siguió. Y entonces el gato empezó a seguirlo. No por el camino, sino entre los pastizales, a la par del caballo. Eusebio lo escuchaba moverse entre los pastos altos, a veces adelante, a veces atrás, siempre cerca. Cada tanto, cuando se daba vuelta, veía los dos ojos amarillos flotando en la oscuridad. Legua tras legua. Sin cansarse. Sin hacer un solo ruido de gato.

El caballo iba con las orejas para atrás, temblando. Eusebio, que había carneado vacas toda su vida y no le tenía miedo a nada, empezó a rezar por lo bajo.

El facón

Cuando por fin llegó al rancho, bajó del caballo de un salto. Y en ese momento el gato se le tiró encima.

Fue un manotazo de uñas y de pelo negro, directo a la cara. Eusebio se cubrió con un brazo, sacó el facón con la otra mano y tiró un tajo a ciegas, en la oscuridad.

La mano de un gaucho empuña un facón frente a un gato negro de ojos amarillos.
En la oscuridad, le cortó una pata.

Sintió que el filo cortaba algo. Y el gato gritó.

Pero no fue un maullido. Fue un grito de mujer.

Eusebio se metió en el rancho, trancó la puerta y no durmió en toda la noche. Se quedó sentado, con el facón en la mano y una vela encendida, escuchando el silencio del campo.

La mano en el patio

Cuando salió el sol, se animó a abrir la puerta. Fue hasta el patio a buscar la pata que había cortado.

La encontró. Pero ya no era una pata de gato.

Era una mano de mujer. Pálida. Con un anillo de plata en el dedo. Un anillo que todo el pueblo conocía.

Una mano de mujer pálida, con un anillo de plata, tirada sobre la tierra del patio.

El almacén de Doña Rosa

Esa misma mañana, Eusebio fue al almacén de Doña Rosa.

Ella estaba detrás del mostrador, como siempre. Pero tenía el brazo envuelto en un trapo lleno de sangre. Y donde terminaba el trapo, no había mano.

Doña Rosa, una mujer mayor de pelo gris, detrás del mostrador de su almacén con el brazo vendado con un trapo.
«Guardámela bien, Eusebio.»

Doña Rosa lo vio entrar. No dijo nada. Salió de atrás del mostrador y se le acercó despacio, sin dejar de mirarlo, hasta quedar tan cerca que él pudo sentir su aliento. Y le susurró:

—Guardámela bien, Eusebio. Esta noche la voy a buscar.

La puerta rasguñada

Esa noche, algo rascó la puerta del rancho de Eusebio. Rascó y rascó, sin parar, desde que se puso el sol hasta el amanecer. Los vecinos lo escucharon y nadie se animó a acercarse.

La puerta de madera de un rancho con marcas profundas de rasguños, iluminada por una vela.

A la mañana, cuando por fin entraron, Eusebio no estaba. La mano tampoco. En la puerta quedaron las marcas: rasguños profundos en la madera, como de uñas. Muchas uñas.

Por eso, en Corrientes todavía lo dicen: si un gato negro te sigue por el camino, no le pegues. Seguí de largo.

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Expediente N.º 002 en video

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La historia completa, narrada y con todas las viñetas, está en nuestro reel. Si te dio miedo, mandásela a alguien que viaje de noche.

Basado en una leyenda real

La leyenda: La bruja gata

La bruja gata es una mujer que de noche toma la forma de un gato negro, enorme y de ojos amarillos. Sigue a los viajeros por los caminos y entra a los ranchos. Si alguien la hiere, la herida queda en su cuerpo humano: el gato al que le cortaron una pata amanece convertido en una vecina a la que le falta la mano.

Origen: Tradición hispánica de brujas que se transforman en gatos, arraigada en el Litoral argentino y mezclada con creencias guaraníes.

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